En Brasil culpan a la religión por su eliminación en la Copa del Mundo

Tras quedar afuera contra Noruega, en Brasil estalló la bronca contra el ala evangélica del plantel. Extrañan a los cracks rebeldes que salían de fiesta y te ganaban los partidos con la magia de la calle.
Deportes08/07/2026NicolásNicolás

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FRENTE A FRENTE.-Que el fútbol de Brasil está en crisis no es ninguna novedad, pero el último golpazo en el Mundial 2026 —afuera en octavos contra la durísima Noruega— destapó una olla espectacular. La torcida y el periodismo ya no hablan de táctica ni de esquemas; ahora apuntan directamente contra la tremenda influencia del evangelismo en el vestuario. Y acá se abre el debate que nos vuelve locos a los sudamericanos: ¿qué le pasó a ese Brasil que te daba miedo de verdad?

Históricamente, el futbolista brasilero era sinónimo de peligro total porque jugaba con alegría, picardía y una rebeldía indomable. El Joga Bonito era eso: una obra de arte descarada, una falta de respeto hermosa al rival que nacía en el potrero y, por qué no, en el carnaval. Hoy, los "Atletas de Cristo" parecen haber copado la parada, y la mística se transformó en pura resignación.

El vestuario quebrado: rezos vs. joda

Según la prensa local, la convivencia está detonada. El plantel se dividió en dos facciones irreconciliables: los hiperreligiosos que arman cadenas de oración y los que prefieren mantener la vieja y buena costumbre de salir a divertirse. Al no haber un punto medio, esa falta de química se nota a la legua adentro de la cancha.

El movimiento de hinchas Núcleo BR ya metió una queja formal ante la CBF. Dicen que las concentraciones parecen más un retiro espiritual que la preparación para una guerra mundialista. Perdieron el foco, se olvidaron de la pelota por discutir de religión.

El dulce encanto de los viejos 

Hay una realidad irrefutable que hoy el hincha de Brasil llora en las redes sociales: sus mejores soldados eran los más fiesteros. En los noventa y los dos mil, ver la planilla de Brasil te hacía temblar las piernas. Romario te avisaba que si no salía a la noche no metía goles; Ronaldinho tiraba una elástica mágica habiendo dormido dos horas; Rivaldo destrozaba defensas con cara de póker; y el "Emperador" Adriano combinaba una potencia descomunal con noches eternas en las favelas.

Eran tipos indomables. Su fútbol era rebelde porque su vida lo era, y el Joga Bonito salía de esa misma locura irreverente. Te bailaban un ritmo brasileño en la cara, te tiraban un caño, se te cagaban de risa y después se iban a bailar samba. Había una mística de potrero, un orgullo herido que hoy brilla por su ausencia.

Menos resignación divina y más rebeldía

Lo que más le duele al futbolero de ley es la reacción ante la derrota. Apenas quedó afuera Brasil, las pantallas del mundo mostraron a las figuras del equipo arrodilladas en el pasto, mirando al cielo, orando y agradeciendo "el plan de Dios".

Para el hincha brasileño, eso ya no es fe: es tibieza y conformismo. Extrañan la puteada, la rebeldía del que pierde y quiere romper todo, el orgullo herido de los viejos cracks. Intentaron prohibir los cultos en los hoteles, pero la mística no se impone por decreto. Mientras los líderes de la Verdeamarela sigan buscando las respuestas en el más allá, el verdadero fútbol brasilero —ese que nos maravillaba a todos— seguirá secuestrado por la corrección política y los brazos caídos.

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