



FRENTE A FRENTE.-La crisis energética global golpeó de lleno a la producción salteña. Julio Fazio, vicepresidente de la Unión Industrial de Salta (UIS), confirmó que las industrias catalogadas como "grandes usuarias" sufren una restricción total (consumo cero) en el suministro de gas. La medida, que se profundizó drásticamente tras haber operado al 50% de capacidad los días previos, paraliza de forma total o parcial a los principales motores manufactureros de la provincia.
El factor económico: Un gas impagable
Contario a lo que suele pensarse, el núcleo del problema actual no es la falta física del recurso en las redes, sino un shock de precios en el mercado internacional. Fazio detalló la brecha imposible de sostener para el sector productivo:
Gas de Vaca Muerta: ~4,50 dólares el millón de BTU (el costo promedio local).
Gas Natural Licuado (GNL) importado: Escaló de un valor histórico de 12 dólares a 25 dólares el millón de BTU.
"Hay industrias que no están en condiciones de pagar un gas multiplicado por seis", advirtió crudamente el dirigente fabril.
Ante este escenario, empresas como Cerámica Salteña (propiedad de Fazio) tomaron medidas drásticas: frenar la producción y mantener los hornos al mínimo técnico indispensable. Apagar un horno industrial por completo implica una catástrofe operativa, ya que se requieren cerca de 10 días de recalentamiento gradual para volver a ponerlo en marcha.
¿Qué consecuencias trae este apagón industrial para Salta?
El freno de mano a las grandes industrias locales genera un efecto dominó con consecuencias socioeconómicas severas para la provincia:
Riesgo sobre el empleo local: El impacto directo en Salta alcanza a empresas que sostienen a unos 5.000 puestos de trabajo directos. Si las restricciones se prolongan, la continuidad laboral, los esquemas de suspensiones o el adelantamiento de vacaciones serán inevitables.
Desabastecimiento de insumos clave: Sectores como el de la construcción (ladrillos, cerámicos, cemento) y el agroindustrial dependen críticamente de este insumo. La falta de stock regional podría encarecer o paralizar obras públicas y privadas.
Pérdida de competitividad y recaudación: Menos producción significa menos ventas y, en consecuencia, una caída en la recaudación fiscal de la provincia vía Ingresos Brutos, afectando las arcas públicas en un momento ya complejo.
Presión inflacionaria de segunda ronda: Las pocas industrias que decidan operar pagando el gas a precio internacional inevitablemente trasladarán ese monumental costo extra al precio final de sus productos, alimentando la inflación.
El panorama genera profunda incertidumbre en el empresariado salteño, que mira de reojo el clima y la política de importación de energía, esperando una flexibilización que devuelva el oxígeno a las fábricas antes de que el daño sobre el empleo sea irreversible.


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