
Javier Wayar reveló que intentó renunciar tras la tragedia de Tomás Alancay
Nicolás
FRENTE A FRENTE.-La Merced ya no es la misma. El fatídico episodio donde Tomás Alancay, un niño de apenas 5 años, perdió la vida tras ser atropellado por el chofer oficial del municipio, ha fracturado definitivamente la paz social. Lo que comenzó como un reclamo de justicia por un siniestro vial se ha transformado, en cuestión de horas, en una crisis política sin precedentes que pone en jaque la continuidad del intendente Javier Wayar.


Tras días de un silencio que los vecinos calificaron como "indiferente", el jefe comunal reapareció mediáticamente. Sin embargo, no lo hizo frente a los manifestantes que golpeaban las puertas del edificio municipal, sino a través de una comunicación telefónica con el programa "El Murishow". En ese espacio, Wayar dejó títulos que, lejos de calmar las aguas, sembraron nuevas dudas sobre su manejo de la situación.
La renuncia que no fue y el "consejo" del Foro
La revelación más impactante de la entrevista fue la supuesta intención de Wayar de abandonar el poder de forma inmediata tras el accidente. "Yo esa misma noche hablé con el Presidente del Concejo Deliberante, ya había renunciado", aseguró el intendente, refiriéndose a Enrique Humberto Torres. Según su relato, la dimisión no se concretó por demoras logísticas y por presiones externas.
Wayar confesó que su voluntad de seguir al frente del municipio es nula: "Yo nunca tuve la intención de seguir, tampoco". No obstante, admitió que su permanencia responde a sugerencias de sus pares. Según detalló, el presidente del Foro de Intendentes le habría aconsejado no dejar el cargo en este contexto. Actualmente, el jefe comunal busca respaldo en el ámbito provincial: "Ahora me voy a Grand Bourg, me han hecho llamar", afirmó, marcando el pulso de una negociación política que se da a espaldas de la movilización popular.
Contradicciones y el dolor de una familia
Uno de los puntos más oscuros del caso sigue siendo la situación de la camioneta municipal. Wayar admitió que la denuncia por la supuesta sustracción del vehículo se realizó horas después de la tragedia, a pesar de que el municipio ya tenía conocimiento de que la unidad no estaba en su lugar. Esta brecha temporal alimenta las sospechas de los vecinos sobre un posible intento de encubrimiento inicial.
Mientras tanto, la distancia entre el poder político y las víctimas es abismal. Wayar reconoció que intentó un acercamiento en una mediación en Cerrillos, pero el rechazo fue tajante. "La familia no se quiere comunicar. Se sienten mal. No me quisieron saludar", relató, evidenciando una ruptura total que el pueblo respalda con marchas diarias.
Hoy, La Merced es un escenario de vigilias y bronca. Mientras el intendente analiza su futuro en despachos oficiales, el pedido de los vecinos es uno solo: que la política no sea un escudo para la impunidad.






