
Página aparte: Valentina Raposo, la niña de Popeye que conquistó el mundo
Nicolás


FRENTE A FRENTE.-Valentina Raposo sinónimo de mística, esfuerzo y la humildad bien nuestra. Hoy, desde la tierra salteña se infla el pecho de orgullo para aplaudir a la niña que creció corriendo entre las canchas de Popeye Béisbol Club y que hoy se consagra como campeona del mundo en la cima del hockey internacional.
A sus 23 años, "Rapi" no solo alzó la ansiada tercera estrella del hockey femenino argentino tras la épica definición por penales australianos ante Países Bajos en Amstelveen; se consolidó como la columna vertebral y pilar inamovible en la zaga central de las dirigidas por Fernando Ferrara.
Un torneo de ensueño y el club de los 100 partidos
La campaña de Valentina en el Mundial 2026 fue sencillamente consagratoria. La salteña integró el once titular en los 7 compromisos del certamen invicto de Las Leonas, mostrando una solvencia táctica y un tiempismo para el cruce dignos de una veterana de mil batallas.
El torneo tuvo además un tinte inolvidable en el aspecto personal: en el trascendental duelo ante Bélgica por la segunda fase —donde fue la gran figura del partido para sostener el arco en cero—, Valentina cumplió sus 100 partidos oficiales con la camiseta de la Selección Mayor. Un hito reconocido con una ovación internacional y un emotivo homenaje por parte de la Federación Internacional de Hockey (FIH).
Su jerarquía volvió a quedar de manifiesto en la semifinal frente a Australia, donde estrelló un remate en el poste y anuló el ataque oceánico.
A su corta edad, la salteña jugó la final con la solvencia, templanza y madurez de una veterana. Fue la pieza de cruce fundamental para cortar los circuitos ofensivos neerlandeses, firme en el mano a mano y precisa con sus pases de salida para romper la presión rival.
De Salta a la gloria eterna
El ascenso de Raposo al olimpo del deporte argentino guarda la magia de los predestinados. Todo comenzó en enero de 2021 cuando, con apenas 17 años y el bolsón cargado de ilusiones, partió desde Salta hacia el Cenard en Buenos Aires para entrenar con el seleccionado Sub-21. Su estampa, su templanza en la marca y su precisa salida con bocha dominada encandilaron de inmediato al cuerpo técnico de la Mayor.
El resto es historia conocida: un debut absoluto en la Pro League con 18 años recien cumplidos y la posterior medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio, convirtiéndose en la segunda deportista argentina más joven de la historia en subirse a un podio olímpico. Tuvo que pegar la vuelta a Salta, a su club Popeye, para cerrar la preparación de lo que a posteriori tendría el cierre perfecto.
Hoy, aquel talento puro que comenzó a moldearse en el norte argentino completa la obra más bella de su carrera: es campeona del mundo, dejando una huella imborrable para el deporte salteño y demostrando que no hay sueño demasiado grande cuando se juega con el corazón. ¡Gracias, Valentina! Salta te abraza y te celebra.



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